Las primeras tres imagenes las encuentras en la siguiente página de internet: Fuente
Santa Inés con los simbolos de su pureza
Mosaico de Santa Inés
Santa Inés antes de su martirio
Las siguientes dos imagenes las encuentras en este sitio de iconografía: Fuente
St. Agnes in the Albani Diocesan Museum, Urbino, Italy
St. Agnes in the procession of virgin martyrs at Sant'Apollinare Nuovo, Ravenna, 6th century
San Ambrosio de Milán – Sobre Santa Inés
(De Virginibus, Libro I )
"Había poco o ningún espacio en aquel pequeño cuerpo para una herida. Apenas podía recibir el golpe, y sin embargo podía elevarse por encima de él.
Las niñas de su edad no soportan ni siquiera las miradas severas de sus padres, y al pincharse con una aguja lloran como si hubieran sufrido una grave herida.
Ella, en cambio, no muestra temor alguno ante las manos ensangrentadas de sus verdugos. Permanece firme ante el peso de las cadenas que resuenan al arrastrarse. Ofrece todo su cuerpo para ser atravesado por la espada de soldados feroces. Es demasiado joven para conocer la muerte, y sin embargo está dispuesta a afrontarla.
Arrastrada contra su voluntad hasta los altares, extiende sus manos hacia el Señor en medio de las llamas, y traza el signo victorioso de Cristo sobre los altares del sacrilegio. Colocan hierros en su cuello y en sus manos, pero ninguna cadena logra sujetar sus pequeños miembros.
¡Un nuevo tipo de martirio!
Demasiado joven para ser castigada, y sin embargo lo bastante madura para recibir la corona del martirio; incapaz para el combate, y sin embargo vencedora sin esfuerzo. Se muestra maestra en valentía, a pesar de la desventaja de su juventud.
Como esposa no se apresuraría hacia su esposo con el mismo gozo con que, siendo virgen, camina hacia el suplicio: coronada no con flores, sino con la santidad de su vida; adornada no con cabellos trenzados, sino con Cristo mismo.
En medio de las lágrimas ajenas, ella no derrama una sola lágrima. Las multitudes se maravillan de su aparente temeridad al entregar una vida aún no saboreada, como si ya la hubiese vivido plenamente. Todos se asombran de que alguien que aún no tiene edad legal pueda dar testimonio de Dios. Y así logra convencer a otros acerca de Dios, aun cuando su testimonio en asuntos humanos todavía no podría ser aceptado.
Aquello que excede las fuerzas de la naturaleza —concluyen— debe proceder de su Creador.
¡Cuántas amenazas del verdugo para infundirle miedo!
¡Cuántas promesas para seducirla!
¡Cuántos hombres influyentes la deseaban en matrimonio!
Ella respondió:
“Esperar que otro pueda agradarme sería una injuria para mi Esposo.
Yo perteneceré a Aquel que primero me eligió.
¿A qué esperas, verdugo?
Si unos ojos que no quiero pueden desear este cuerpo, entonces que perezca.”
Permaneció inmóvil. Oró. Ofreció su cuello.
Se podía ver el temor en los ojos del verdugo, como si él fuese el condenado: su diestra temblaba, su rostro palidecía ante el peligro de la niña, mientras que ella no sentía temor alguno por sí misma.
Una sola víctima, pero un doble martirio:
el de la modestia y el de la fe.
Inés conservó su virginidad
y alcanzó la corona del martirio.



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