sábado, 9 de enero de 2010

Reflexión sobre el Bautismo del Señor

Por Cynthia Garza de Hernández

Entonces vino Jesús al Jordán desde Galilea, para ser bautizado por Juan. Pero éste se resistía diciendo: -Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿y vienes tú a mí?

Jesús le respondió: -Déjame ahora, así es como debemos cumplir nosotros toda justicia.

Entonces Juan se lo permitió. Inmediatamente después de ser bautizado, Jesús salió del agua; y entonces se le abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz desde los cielos dijo: -Este es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido (Mateo3, 13-17)

El bautismo de Jesús manifiesta que también Él cumple con el plan dispuesto por Dios, anunciado por los profetas. Si el Señor cumple con lo que su Padre ha dispuesto para su vida y bien de todos, nos da una enseñanza enorme de cómo nosotros debemos también, saber cumplir con lo que Dios espera de nuestras vidas para nuestro bien y el de muchos.

No es lo mismo que yo sea el que debo ser, haciendo en cada momento lo que debo por amor a Dios. Y no es lo mismo porque con ello hay muchas consecuencias negativas o positivas, que influirán de una manera o de otra en el entorno en el que vivo.

Es por esto, porque Jesús siempre cumplió amorosamente con la Voluntad de su Padre, la causa de esas palabras maravillosas que se escucharon al abrirse los cielos “Este es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido”. Para complacer a Dios como hijos amantes, sabemos que es fácil, pero al mismo tiempo es esforzado. San Pablo nos dice “El reino de los cielos es de los que se hacen violencia, y lo arrebatan”.

Hemos de esforzarnos continuamente haciendo cada vez con mas amor lo que debemos: atender a nuestra familia, cuidar nuestras relaciones sociales, sembrar la paz, la concordia, el amor. Pregúntate ¿soy yo ese motivo de complacencia para Él, para mi Dios?, ¿soy fuerte para sostenerme en la verdad, combatiendo el desamor, en sus muchos aspectos que pueden darse en la vida de cada uno? ¿Es para mí la fe lo primero y así lo vivo y enseño a mis hijos, parientes, a mis mas cercanos? ¿Vivo una vida no centrada en mí sino en Dios, en los demás?

También el Bautismo de Nuestro Señor nos recuerda esa llamada que todos recibimos en nuestro bautismo, llamada universal que recuerda el Concilio Vaticano II: "Todos, absolutamente todos, en donde nos encontremos y en las circunstancias en las que vivamos estamos llamados por vocación cristiana a la santidad y al apostolado", ¿Qué tanto me esfuerzo por alcanzar esa santidad en la vida ordinaria, en las cosas mas pequeñas? ¿Doy testimonio de vida coherente con lo que es las enseñanzas de la Iglesia?

Te repito no es poca cosa que cada uno luche por llegar al cielo, pero llevando a más, eso es hacer la vida feliz a los demás, y a eso estamos llamados, ese es el sentido de nuestra existencia. Piensa que si tú no das ese testimonio ahí donde estás, quizá no habrá otro y muchas almas se podrían quedar en la tibieza en la que se encuentran y hasta incluso perderse.

¡Pidámosle a Jesús que nos enseñe el camino, que nos ensanche el alma, que nos las llene de ansias de llevarle muchas almas junto a su corazón!

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