sábado, 31 de octubre de 2009

¡Feliz día de todos los Santos!

Por Cynthia Garza de Hernández

El 1 de noviembre, fiesta de todos los santos, está dedicada a todas aquellas personas que están en el cielo. Sus nombres no están inscritos en el libro de los santos, pero sus vidas fueron y siguen siendo un camino a seguir para muchos que los conocieron y rodearon durante su vida en la tierra.

Celebrar este día, es celebrar a mucha gente que, decidida, siguió los pasos de Cristo. Hay muchísimos que, ni siquiera sabemos ni conoceremos nunca, pero que pueden ayudarnos con su intercesión a que nuestra vida sea también un sincero honrar a Cristo, y una verdadera correspondencia a la Voluntad de Dios, con la ayuda del Espíritu Santo.

La Iglesia en este día quiere dar culto a todos ellos y nos recuerda que estamos todos llamados por el Bautismo a la santidad, y nos los pone como muestra; como confirmación de que esto es posible.
Muchas veces pensamos en que ser santo es hacer algo muy grande, doloroso, crear instituciones de beneficencia etc. Para ser santo lo único que hay que tener grande es el corazón, inflamado de amor por Cristo.

En una ocasión le preguntaba a San Agustín su hermana, ¿qué se necesita para ser santo? A lo que le respondió: “querer”, pero ese querer ha de ser un querer continuado, perseverante, ilusionado con un corazón joven.

¿Cómo podemos ser santos? Convirtiendo nuestra vida ordinaria, en algo extraordinario. Y la hacemos extraordinaria cuando, hagamos lo que hagamos, lo que nos mueve es amor. Amor primero a Dios y luego a los demás, por Dios.

San Agustín dijo: “Ama y haz lo que quieras”. Cuando todo se hace por amor, nunca nos moveremos obviamente por intereses personales, egoísmo, pereza o indiferencia. Sabemos que tenemos muchos defectos, aceptarlos y reconocerlos es necesario, no nos debe entristecer. Al contrario, conocerlos nos lleva a poder luchar contra ellos.

Pensemos en San Pedro, no hubo hombre como él que dijera cosas tan hermosas “Señor a quien iremos, Tú tienes palabras de vida eterna”, y sin embargo, tuvo que conocer su miseria para luego experimentar la misericordia de Dios.
 No podemos negar que se necesita mucha ayuda para poder lograr llegar al cielo. ¿Dónde encontramos esta ayuda? Primero que nada en los Sacramentos, ellos nos darán la misma fuerza de Cristo. La misma fuerza que tuvieron los mártires. El martirio de San Lorenzo es uno de tantos, pero nos da una idea de la enorme fuerza. Sobre carbones lo acostaron y fue su cuerpo quemándose lentamente, él no dejaba de rezar y pedir ayuda alabando al Señor, hasta el grado de pedirle a sus verdugos: “denme la vuelta, falta un poco del otro lado”.

Luego la oración, que es hablar con Dios cara a cara, como diría San Josemaría Escrivá de Balaguer. Cuando leemos la vida de cualquier santo, nos damos cuenta de cómo se apoyaba en ese trato íntimo, para sacar fuerza todos los días y seguir adelante. Santa Teresa de Ávila repetía “Orar, es un trato de amistad con Dios”. Hacernos sus amigos para que Él pueda consolarse y apoyarse en nosotros.

No actuemos como los apóstoles que cansados en el Huerto de los Olivos dejaron a Nuestro Señor solo; los buscó para consolarse y los encontró dormidos, y su apoyo fue una enorme roca. No endurezcamos nuestro corazón, no sólo le preguntemos ¿por qué hiciste eso por mi? sino preguntémonos a nosotros mismos ¿qué puedo hacer yo por tí? Y lo que hagamos por el más pequeño, a Él se lo hacemos.

Hace unos años, conocí una familia que perdió un hijo enfermo de cáncer. Comenzó su enfermedad a los 5 años, padeció casi 2 años, y a tan temprana edad ya entendía que si ofrecía todo lo que, en consecuencia trae esta tremenda enfermedad, podía ayudar a mucha gente. Su familia siempre lo animaba a seguir adelante, por diversas intenciones. Él sobre todo pedía por todos sus compañeros del colegio y los profesores. Durante su enfermedad, yo procuraba visitarlo frecuentemente, y siempre la misma pregunta ¿Cómo estás? Y respondía sonriendo, “bien, gracias”. Al terminar la visita me iba con una enseñanza enorme y animada a ser fuerte como ese pequeño niño.

 
Finalmente murió. Recuerdo muy bien ese día, estaba con muchos dolores y cuando entré a su habitación le pregunté: ¿ hola como estás? en lugar de su acostumbrada respuesta, dijo con voz fuerte FELIZ, a las pocas horas murió. Era exactamente el día de su séptimo cumpleaños.
 Una persona al dar el pésame a sus padres les dijo: ahora tienen un ángel en el Cielo, y otra persona que estaba cerca con claridad y sabiduría le contestó: ¡Nó! no tienen un ángel, tienen un SANTO que es muy diferente.

Un santo, se gana la entrada al cielo, por sus méritos, por su forma de vivir y morir, por sus decisiones de seguir en el camino que Cristo nos enseñó, por saber decir que no, con firmeza a lo que nos aparte de lo que un cristiano no haría. Al sonreír aunque tengamos rota el alma.

Otra gran ayuda la tenemos en la Iglesia, Ella nos marca el camino con sus enseñanzas, no la despreciemos aunque a veces nos cueste el defender lo que en su Sabiduría nos manda.
Celebremos este día apoyándonos en la intercesión de todos los santos, pidámosles su ayuda para que, como ellos, no sólamente haya en nosotros el propósito de ser buenos, sino que nos empujen a querer ser santos. No tengamos miedo a decidir vivir entregándonos al máximo en todo, ya en la tierra disfrutaremos de los frutos de esas acciones, El Señor nos recompensará con paz, alegría, serenidad...Hablemos con nuestros hijos y amigos de esas resoluciones que tomamos, de esa lucha que queremos seguir, para contagiarlos de ese deseo también a ellos. No nos iremos nunca solos al cielo.

Ilusionémonos en que un día 1 de noviembre será también nuestra fiesta, y pidamos por aquellos que por ignorancia ,o falta de amor, aún no arde ese fuego de amor de Dios en sus vidas.

“Todo lo que no se da, se desperdicia”.

Foto: Santísima Trinidad y todos los Santos, fuente "Catholic Cuisine"

2 comentarios:

  1. Estamos todos llamados a ser Santos, todos tenemos esa posibilidad al alcance de la mano.
    Un Gran Abrazo en Cristo
    Carmelitas en la Argentina

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  2. ¡¡Así es hermanos!! Gracias por su comentario y me alegra que juntos anunicemos esta verdad... ¡¡Felicidades por la visita de su Prior General!!!

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